El Peje peruano

12 Abril, 2006 Publicado en Elecciones 2006, Internacional, Política por Luis Martínez

Por Jorge G. Castañeda

Las elecciones peruanas del domingo pasado ofrecen tres lecciones para México. La primera: a pesar de un crecimiento económico envidiable, de una inflación exigua y de un gobierno decente, los votantes del Perú sí sucumbieron, por lo menos por ahora, al embrujo del excéntrico, extremista, ex golpista Ollanta Humala, quien ganó la primera vuelta por casi seis puntos. Entre otras puntadas, su mamá le ha recomendado que fusile a todos los homosexuales, su papá le pide que libere a todos los “presos políticos”, empezando por Abimael Guzmán, jefe y fundador de Sendero Luminoso; y él mismo quiere industrializar el cultivo de la hoja de coca. En las abismales condiciones del Perú pobre, el exceso paga. En todas partes se cuecen habas.

La segunda lección se refiere a las ventajas de la segunda vuelta. A estas alturas sólo México y Bolivia carecen de segunda vuelta en elecciones presidenciales latinoamericanas. De haber imperado en el Perú una legislación electoral semejante a la nuestra, Humala sería Presidente, pero con menos de un tercio de los votos, es decir, sin mandato alguno. Gracias a la segunda vuelta, él o cualquiera de los otros dos aspirantes, la conservadora Lourdes Flores o el perenne aprista Alan García, obtendrán más de la mitad de los votos. Por algo, todos los países con régimen presidencial, salvo México, Bolivia y Estados Unidos, han adoptado la segunda vuelta.

La tercera lección es que, con o sin segunda vuelta, el dilema del voto útil existe. En Perú, la elección será resuelta por los votantes que sufragaron a favor del tercer lugar (Flores o García) y que deberán votar en la segunda vuelta por su segunda opción. Se supone, sin que existan realmente bases para hacerlo, que los electores de Flores sí podrían votar mayoritariamente por García y darle el triunfo a él, mientras que los votantes de García tenderían a dividirse entre Humala y Flores, en caso de que sólo permanecieran ellos dos en la contienda. La segunda vuelta obliga al voto útil, pero no lo crea. Así, en México, aun sin segunda vuelta, existe el voto útil, como se pudo comprobar con la victoria de Vicente Fox en el año 2000.

De ahí el dilema que enfrentan votantes y dirigentes en México hoy. ¿Qué es más factible, que los priistas voten por Calderón o que los panistas voten por Madrazo? López Obrador tiene razón: sí hay una tendencia hacia una alianza PRI-PAN en la cúpula, y entre las élites, para cerrarle el paso al Humala mexicano, pero esa alianza no necesariamente se refleja en las bases electorales. Hay dos maneras de arraigarla en dichas bases: que solito, uno de los candidatos, Calderón o Madrazo, se rezague y el otro repunte, como sucedió con Fox y Cárdenas en el 2000; o que a través de una estrategia deliberada se induzca el surgimiento de una brecha -de algún modo e inevitablemente artificial- entre ambos. Esto es, obviamente, lo que un consultor como Dick Morris, que por supuesto no tiene vela en el entierro, recomendaría; sugeriría “a strategy of fear”. Estrategia que buscaría generar, entre los votantes priistas o panistas, la convicción y/o el pánico de que un triunfo de López Obrador sería una catástrofe para el país, y que es preciso -más aún, imperativo-, cargarse con Madrazo o con Calderón para evitar lo peor, que no necesariamente equivale a escoger lo mejor.

Todo esto, que está sucediendo a la luz del día en Perú, en México ocurre tras bambalinas. Pero en el fondo es lo mismo. Allá como aquí, mucho se juega en los medios masivos de comunicación, ya que, como también se le ocurriría a Dick Morris, no bastan los spots de ataque de un candidato a otro. Hay que reclutar para “the strategy of fear” a las fuentes de información “objetiva”: los noticieros nacionales de la noche en Televisa y Azteca (o, más bien, de acuerdo con los últimos ratings, Azteca y Televisa). El que a hierro mata, a hierro muere: no recuerdo que durante sus casi cinco años de conferencias mañaneras capitalinas cubiertas en cadena nacional, sin preguntas difíciles y con reporteros a modo, López Obrador se haya quejado de la falta de trato parejo u objetivo de Televisa para con él y otros candidatos. Ahora le tocó una sopa de su propio chocolate: ¡¡¡¡quiere llorar, quiere llorar!!!!

1 comentariio a “El Peje peruano”

  1. Paco Rabane Dijo: