Lástima…

1 Mayo, 2006 Publicado en Elecciones 2006, Política por Luis Martínez

Por Jaime Sánchez Susarrey

Sólo un ciego o un sordo pueden negar lo evidente. Felipe Calderón fue el ganador del debate. Y lo fue por partida doble. Se impuso sobre Roberto Madrazo, pero además capitalizó a su favor la ausencia de AMLO. El reto para él era doble: debía consolidar su ventaja sobre el candidato del PRI y aparecer como un hombre capaz de hacer propuestas viables. En ambos frentes salió airoso. En el primero porque logró neutralizar los ataques de Madrazo y en el segundo porque efectivamente hizo una oferta novedosa, concreta y atractiva para la población.

Roberto Madrazo, en cambio, perdió en todos los frentes. Llegó al debate en condiciones muy difíciles. Desde hace meses la mayoría de las encuestas lo sitúan en tercer lugar. Pero no sólo eso. Los conflictos internos del PRI se multiplican en todas partes. La unidad brilla por su ausencia y las deserciones están a la orden del día. De ahí que Madrazo decidiera jugarse el todo por el todo. Apostó a la confrontación directa y abierta con Felipe Calderón. Su intención era revertir las tendencias y salir del encuen- tro en un virtual empate. Nada resultó.

Los puntos más débiles de la estrategia de Madrazo fueron tres: cuestionó la integridad y la honestidad de Calderón sin tener los elementos para probar su dicho y, sobre todo, sin tener la más mínima autoridad moral y política. Entró así en un terreno pantanoso que jamás debería haber pisado. Cada denuncia de corrupción o de ineficiencia que formulaba terminaba por recaer sobre él mismo. Por otra parte, subestimó desde el inicio el papel que jugaría Roberto Campa. Y por último, lo más importante de todo: el candidato del PRI es muy vulnerable porque tiene una enorme cola que le pisen.

Roberto Campa, por su parte, fue a lo suyo. Para nadie es un secreto que él y la maestra Gordillo tienen una enorme lista de cuentas pendientes con el candidato del PRI. Sólo un ingenuo podría suponer que el abanderado de Nueva Alianza no aprovecharía el debate para poner en evidencia a Madrazo. La eficacia del ataque no amerita mayores comentarios. De los proyectiles que le lanzó, tres fueron letales: el candidato del PRI no paga impuestos, se pelea recurrentemente con las mujeres y tiene a su partido hundido en la división y la confrontación.

La otra parte de la estrategia de Campa fue presentar y defender la urgencia de un programa de reformas (la fiscal, la laboral y la energética). Perfiló así a Nueva Alianza como una fuerza que no ganará la Presidencia de la República, pero que puede jugar un papel muy importante en el Congreso para apoyar e impulsar el proceso de modernización de México. Nada de eso es despreciable. Y menos aún en el contexto de un Congreso dividido como el que hemos tenido desde la segunda mitad del sexenio del presidente Zedillo. Porque una fracción parlamentaria de esa naturaleza puede contribuir a la clarificación del debate y fungir como una bisagra en la conformación de alianzas para impulsar las reformas pendientes.

Patricia Mercado llegó al debate, como ella misma reconoció, con una ventaja inicial: la de ser mujer y hablar un lenguaje de izquierda claro, pero sin estridencias. Su renuencia a polemizar con el resto de los contendientes le permitió capitalizar esa imagen. A final de cuentas, el objetivo fundamental del Partido Alternativa Socialdemócrata es alcanzar su registro y posicionarse en un nicho de mercado. Es más, su autodefinición como un verdadero proyecto de izquierda le permitirá jalar a un sector de la población que se identificaba tradicionalmente con el PRD, pero que no está dispuesto a votar por AMLO. Desde esa perspectiva, el debate fue muy ventajoso para ella.

AMLO fue, sin duda, el otro gran perdedor de la jornada. Lo fue en ausencia, pero eso no le quita gravedad ni importancia a la derrota. López Obrador y sus asesores tomaron la decisión de no participar en el debate hace un mes cuando las encuestas el otorgaban una ventaja de 10 puntos. No fue entonces la opción más democrática ni más civilizada, pero parecía un cálculo (si bien, mezquino) racional: el puntero no quería correr riesgos ya que se daba ya por ganador. El problema estuvo en que ese escenario cambió drásticamente en las últimas semanas: la ventaja se redujo y la competencia prácticamente se empató.

López Obrador y su equipo lo supieron a tiempo, pero no quisieron o no pudieron corregir la estrategia original. En lugar de eso, AMLO se dedicó a repetir (y lo digo con todo respeto) como chachalaca que conservaba una ventaja de 10 puntos, que todos los sondeos de opinión estaban truqueados y que eran parte de una conspiración previa al encuentro. Esta convicción le sirvió para reiterar que no se presentaría al debate para evitar la celada que le quería tender el PRIAN.

Lo absurdo del cálculo y del diagnóstico se puso de manifiesto el mismo día del debate. El enfrentamiento a muerte entre Roberto Madrazo y Felipe Calderón hubiera ocurrido con o sin la presencia del Peje. La razón es muy simple: para el candidato del PRI esta era la ocasión de oro para reponerse y alcanzar al abanderado del PAN. No había, en consecuencia, la más mínima posibilidad de confabulación. Sólo una mente paranoica y desconectada de la realidad pudo obviar este hecho. Y eso fue justamente lo que hicieron AMLO y sus entornos.

El otro cálculo absurdo fue suponer que AMLO sería el centro del debate en ausencia. Desde la silla vacía, su fantasma dominaría la confrontación y la gente podría apreciar la mala fe y el contubernio de sus adversarios. Todos se referirían a él con la intención de destrozarlo. Al final del encuentro, en consecuencia, los medios lo buscarían para que fijara su posición y respondiera a los ataques… wishful thinkings, se dice en inglés.

Para colmo, el posdebate se anuncia ya igual o aún más complicado para AMLO. Acción Nacional fincará lo que resta de la campaña en reafirmar las propuestas de Calderón y confrontarlas con la ausencia física y programática del candidato de la Alianza por el Bien de Todos. En este caso, como en otros: una imagen dice más que mil palabras. La silla vacía no es un programa ni un acto de valentía, sino todo lo contrario. Y cuando ese ejercicio haya dado de sí estaremos ya en puertas del segundo debate.

En suma, el panorama ha dado un giro de 180 grados. AMLO perdió la iniciativa y no es evidente que tenga capacidad de reaccionar ni de corregir el rumbo. Es incluso probable que se limite a repetir (dicho de nuevo con todo respeto) como chachalaca que nada es verdad y que todo es efecto de un complot. Lástima, Margarito.

1 comentariio a “Lástima…”

  1. alejandro vazquez c Dijo: