Intelectual amargado
Por Enrique Canales
Conste, todo esto es un ensayo, un borrador aproximado. Pareciera que en México, tan sólo se acepta como verdadero intelectual al que sea dogmático de la llamada izquierda. Un “intelectual dogmático” es un “oxÃmoron” pues la propiedad más valiosa del intelecto es cuestionar y no dogmatizar. Nuestros intelectuales mantienen temas vedados al cuestionamiento; gloria, cuándo un intelectual se cuestiona a sà mismo.
Para nuestros intelectuales, no se vale cuestionar a otro intelectual reconocido como de izquierda ni tampoco a Napoleón Gómez Urrutia, a Rosario Ibarra, a Samuel Ruiz, a Fidel Castro, a Hugo Chávez, a los lÃderes indÃgenas, a las asambleas sindicales ni a cualquiera que se etiquete como nacionalista emisario del pasado. Es dogma estar convencido, por ejemplo, de que durante el 68 nadie en el paÃs, salvo los huelguistas del CNH, estaba luchando por sus libertades.
El intelectual mexicano en general apoya al PRD aun cuando el PRD apoya a lÃderes charros, porque nuestro intelectual no sabe distinguir entre apoyar a un obrero libre, apoyar a una sana organización sindical o apoyar a unos lÃderes nefastos. Nuestro intelectual considera amigo al enemigo de su enemigo, sin importar si tiene o no tiene la razón. ManiqueÃsmo, toda la derecha es condenable, toda la izquierda es glorificada.
El intelectual ejerce el derecho de insultar a los demás sin fundamentar sus insultos y si la vÃctima desprecia el insulto, entonces el intelectual se siente agraviado y espera que la red de intelectuales apabulle al que osa despreciar sus insultos. El intelectual mexicano pretende ser un sÃmbolo intocable y, por eso, pretende insultar sin ser cuestionado; como todo dogmático prefiere condenar directamente sin fundamentar sus juicios.
Además, al intelectual le encanta aparecer resentido y amargado ante todas las situaciones, sin embargo, carece de capacidad para sugerir soluciones prácticas. Le tiene pavor a pensar la manera de generar empleos útiles y reducir la desigualdad, prefiere vivir en las nubes del deber ser. El intelectual desconfÃa de los mexicanos independientes que por higiene mental no quieren pertenecer a ningún gremio y menos a una ideologÃa de paquÃn y aerosol.
Además, el intelectual mexicano se exige odiar a Estados Unidos y declararlo culpable de todas nuestras incapacidades. No acepta nada bueno que haya hecho Estados Unidos y no critica nada malo que haya hecho Fidel Castro. De igual forma, nuestro intelectual odia al mercado libre porque no quiere saber lo que prefiere cada mexicano cuando se encuentre por fin en libertad de escoger.
¿Cuba tiene intelectuales? Parece que sÃ, pero muchos viven de las dádivas que Fidel les otorga porque asà se mantiene un rol para encerrar al paÃs. El otro dÃa Fernando del Paso decÃa que existÃan intelectuales indÃgenas encubiertos dentro de sus comunidades; claro, eso nadie se lo podrÃa negar. Todos sabemos pensar, ¿o no?
Los intelectuales se visten con el uniforme de los intelectuales, se presentan amargados en los eventos propios de los intelectuales e inmediatamente se ponen a criticar a los que no son del gremio. Se trata de parecer un poco bohemios pero más limpios y con mejor ropa que los artistas pintores. En general adoran los tragos en las recepciones, presentaciones, exposiciones y embajadas. Siempre critican la falta de cultura de la sociedad, la falta de unión gremial y la falta de apoyo gubernamental. Total, en México, el ser intelectual se parece más a un rol social ficticio que a una actividad del cerebro.
Muchos intelectuales se comportan con la soberbia de saber que son los únicos con derecho a pensar en el paÃs. Ellos se consideran libres e inteligentes, los demás son lacayos al servicio de alguien.
El intelectual mexicano siente remordimiento si concibe alguna idea práctica para la solución de un problema social. Asimismo, siente remordimiento si fomenta y pasa un buen rato de simple buen humor. Prefiere la gravedad, prefiere el sarcasmo, la burla y la ironÃa; pues son muy buenas herramientas para expresar juicios, al cabo su amargura le sirve de protección.
El intelectual prefiere pensar en términos de grupos, gremios y clases, por eso ha perdido la capacidad para pensar en las injusticias que sufre una determinada señora indÃgena debido a los usos y costumbres de algún cacique indÃgena. El intelectual prefiere respetar las tradiciones, aunque sean injustas y lacerantes, porque su dogma cancela su capacidad intelectual de observar, evaluar, analizar y concluir.
Afortunadamente, existen en México muchos intelectuales ya liberados de las telarañas de sus dogmas y con suficiente madurez y honestidad para cuestionar las cosas de donde provengan. Estos intelectuales más liberales ya no escenifican un rol social y al atreverse a pensar, no temen recibir la crÃtica condenatoria de los otros intelectuales del pasado todavÃa aprisionados en su rol.
24 Mayo, 2006 a las 15:54 |