Mujer y sexo

Publicado por: Alma Ruiz el 29 Agosto 2006 – 18:37

La vergüenza y la incomodidad que algunas mujeres sienten entrando en las “sexshops” o a sitios de internet dedicados al sexo me llevan a comentar sobre el gran mito acerca de que las mujeres tenemos derecho al gozo sexual. 

Culturalmente la mujer está ubicada como objeto sexual y como la encargada del hogar y de los hijos, en cambio el hombre es el proveedor y el que tiene derecho al goce y al placer. Poco a poco se han ido rompiendo estos mitos y estas prácticas, cada vez son más las mujeres que rompen estos patrones y piden sean satisfechas sus necesidades sexuales, pero aún así, de manera general, en las charlas femeninas el tema del sexo se toca muy por encima, a diferencia de los varones que en la mayor parte de sus pláticas está el tema del disfrute sexual. 

Ellos, por ejemplo, sus charlas ocurren en un bar, en una cantina o en un botanero, en cambio las charlas de las mujeres ocurren casi siempre por las mañanas y en un Vip´s o un Sanborns. 

¿Y de qué platican ellas? Pues de hijos, de tareas, de novelas y a veces de libros, y ellos ¿de qué platican? pues de conquistas, de amoríos, de negocios, de deportes, de tamaños del órgano masculino, etc. 

Cabria preguntarnos ¿por qué entre mujeres no hablamos de sexo?, ¿a qué le tememos? 

Tememos al disfrute del sexo, debido al sentido trágico de la existencia y al victimísmo de nuestra condición femenina. 

Pero además habría que añadir que las ganas que tenemos como mujeres a hablar de sexo sin miedos y por ende a gozarlo con nuestras parejas, no significa que vayamos a alcanzar la felicidad anhelada. 

Hay muchas cosas que resolver, el explorar nuestra sexualidad, aceptarnos como somos, amarnos como somos de tal manera que enseñemos a los demás que como somos y estamos nos amamos y merecemos que se nos acepte, de tal manera que no quieran encontrar en nosotras a esas modelos que vemos todos los días en televisión; además de explorar nuestra sexualidad, pues no temer a expresarla, a platicarla y a pedir a nuestras parejas lo que sexual y sensualmente necesitamos, de tal manera que al ir cubriendo paulatinamente estas necesidades físicas, vayamos buscando nuevas expectativas que involucren nuestra integridad de ser mujer y nos desenvolvamos de manera plena en diferentes escenarios de la vida. 

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