No es posible des-pejar la mente
No he podido des-pejar mi mente de preocupaciones, porque al ir de mi trabajo en la UNAM a mi trabajo en la Ibero se me atraviesan los adoradores del Peje, los pejélatras, que me ponen a pensar.
Nos lo advirtió José Ortega y Gasset: “ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral:” No fue la derecha la que me apartó de la izquierda. Fue la misma izquierda. Como dijo Köesler: yo no he cambiado, la que cambió fue la izquierda. ¡Qué tiempos aquellos en los que del lado izquierdo estuvo ese materialismo dialéctico que tanto valoraba al trabajo experimental! Hoy la izquierda es religión, hoy la izquierda es la adoración del Peje sin tolerancia de ningún otro culto. Hoy la izquierda es el opio de los pueblos.
Ha de ser bonito creer en el Peje, porque así ya no hace falta el trabajo experimental. Con lo que ve uno en las discusiones con los pejélatras queda claro que la realidad es lo que ellos digan, aunque no pase ninguna de las pruebas experimentales. Lo del dizque fraude electoral, por ejemplo, es una “realidad” en busca de pruebas racionales. Las primeras dizque pruebas cayeron como farsas (ciber-fraude, casilla 2227 de Salamanca, etc.), ninguna se sostuvo. Ahora, en lugar de pruebas, lo que nos dan los pejélatras es un grito cuando dudamos de sus argumentos: nos gritan idiotas o imbéciles, y con eso creen que ya probaron su argumento. En lógica, lo que hacen los pejélatras es lo que se llama “falacia ad hominem”, pero con tanto que gritan no hay modo de que escuchen a qué se refiere esto. Ojalá que se chutaran la “Dialéctica erística” de Arthur Schopenhauer, o por lo menos aquel ensayito de Unamuno en el que dice: “¡La realidad! ¿No te has fijado nunca con qué tono de suficiencia hablan del sentido de la realidad los que no luchan sino por la victoria pasajera? ¡El sentido de la realidad! He aquí una de las expresiones favoritas de los que llaman paradoja a todo cuanto ignoran, y no es poco. Creen vivir en la realidad porque viven en la sobrehaz de las cosas, y ese llamado sentido de la realidad no es más que el miedo a la verdad verdadera. Y luego los sorprenden los terremotos que vienen de debajo, de muy debajo de la realidad. Porque ésta no es sino la corteza de la vida”.
En fin, como no llegan a tanto sus cortas luces, ya veo a los pejélatras gritándome, de nuevo, que soy un idiota. O tal vez, para variar, podrían decir, por enésima vez, que soy un panista porque no pienso igual que ellos (otra variante de la falacia ad hominem). Me fleté en 1988 las marchas en las que uno se jugaba el pellejo, me lancé a defender en los periódicos las ideas de Heberto Castillo. Salí con la Constitución en la mano a plantarme en Bucareli para defender lo que consideré justo, pero ahora los pejélatras dicen que yo soy panista o priista o algo así. ¿Y el Peje? ¿no era priista en los 70s, cuando el PRI-gobierno mataba a gente como yo? ¿Y Camacho Solis? ¿no era del equipo que asesinó a Ovando y Gil el 2 de julio de 1988? “Oh témpora, oh mores!” Los asesinos de Ovando se convirtieron en los héroes de sus deudos mientras los que estuvimos cerca de ser asesinados ahora somos señalados por los asesinos como si nosotros fuéramos los traidores.
Y, a todo esto, qué dice la ¿Real Academia de lo que es la traición? “Delito que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”. O sea que si alguien publica un bando, llamémosle bando 13, en el que el lineamiento uno, inciso “g” dice “No permitiremos el bloqueo de avenidas o vialidades primarias que desquicien el tráfico, eleven la contaminación y afecten el libre tránsito de terceros” y luego ese “alguien” hace lo que dice que no permitirá, entonces hubo traición ¿no? Pues no, porque ese alguien es el sacrosanto Peje, y si dices que él cometió una traición se te lanzan encima. Ni modo, adiós a la libertad de cultos, hoy la única religión permitida en las calles del D. F. es la pejelatría, la adoración del Peje.
Y luego me dicen que con el PAN se acabarán nuestras libertades, pero a seis años de Fox tenemos la ley de transparencia y acceso a la información pública, el IFAI, la CONAPRED, la píldora del día siguiente y la libertad de irnos al cielo o al infierno por el camino que se nos dé la gana. ¿Qué tuvimos con el Peje? Los segundos pisos, desde luego. Esos que se dieron por adjudicación directa y con cero transparencia (los documentos están en la reserva por 12 años).
Claro, con Fox no hubo segundos pisos para los que tengan coche, sólo frioleras como la Presa El Cajón, la más grande de su tipo en el mundo para dotar de electricidad (y desarrollo) a la gente de Nayarit, pero eso a quién le importa. Los segundos pisos están frente a Televisa, donde todos los puedan ver; la Presa El Cajón, en cambio, está entre cerros de gente pobre, donde los pejélatras no pueden ir porque se ensucian su ropita.
¡Ah!, pero también está la pensión a los viejitos, como Luis Echeverría, el asesino de estudiantes, que por ser viejito puede tener pensión aunque no la necesite. Y los Halcones de 1971 que hayan cumplido los 70 años de edad también pueden tomar mis impuestos y generar deuda pública para comprarse sus chelas. Por cierto, uno de los grandes fracasos de Fox es no haber esclarecido la matanza del 10 de junio de 1971. Yo recuerdo los agujeros de balazos en las paredes de la Normal porque yo los vi, no me los contaron. ¿Dónde estaba el Peje cuando el PRI-Gobierno mataba estudiantes? Pues él era militante del PRI. En una de esas hasta pudo ser discípulo de los halcones. Nunca lo sabremos, porque allí sí nos falló Fox.
Pero lo importante es que Fox no hizo algo igual a la pensión de los viejitos, sólo hizo el programa Oportunidades, que da dinero a las familias más pobres siempre y cuando los niños vayan a la escuela y tengan buena alimentación. Si no, en lugar de dinero les dan alimentos. ¿Qué ocurrencia, no? Seguro fue una puntada de Josefina Vázquez Mota, la que le coordinó la campaña a Felipe Calderón y que no sabe cómo ganarse a la gente. La prueba está en que en las zonas de mayor densidad de cobertura de Oportunidades el PAN perdió la elección, así que con criterios pejélatras fue una tontería, aunque haya dado alimentación y cultura a millones de niños.
Por cierto, para los pejélatras, ni la enciclomedia, ni e-México, ni Oportunidades son cultura, vaya, ni siquiera la Biblioteca Vasconcelos o las otras mil cien bibliotecas (grandes, medianas o chicas) que se hicieron en todo el país durante el sexenio de Fox. Cultura son las cantatas en el Zócalo, esas sí, porque allí sí hay mota.
Me gustaría saber por quién hubiera votado Heberto Castillo si estuviera vivo. A mí, que estuve de su lado cuando de ese lado no estaban los asesinos, sólo me queda ese pesimismo ilustrado del que habla Savater: “¡Qué desdicha haber nacido para la militancia y no creer en causa alguna, qué desperdicio de fervor!”
7 Septiembre, 2006 a las 12:00 |