¿Quién es la UNAM?
El rector de la UNAM quiere más dinero para la UNAM, los diputados quieren más dinero para el congreso y los gobernadores quieren más dinero para los estados: nada nuevo bajo el sol, cada quien quiere su tajada del presupuesto y eso es normal, pero cada quien asocia su partida presupuestal con frases grandielocuentes que no corresponden a lo que en verdad se hace con el dinero ni a lo que el gobierno federal puede subsidiar con los actuales niveles de recaudación.
Se habla de elevar el gasto en educación al 8 % del PIB o al 10 o al 20 o al mil, al fin que la mayoría de la gente no sabe lo que es el PIB. Lo políticamente correcto es pedir mucho dinero para la “educación” porque la educación es importante aunque no nos digan cuál es el verdadero destino de ese dinero.
En la Facultad de Ciencias de la UNAM, por ejemplo, el presupuesto se ha ido incrementando en los años recientes, pero cada vez hay más problemas para realizar prácticas de campo con estudiantes de la carrera de Biología. Cuando fui alumno de esa carrera nos íbamos cuatro días de práctica de campo, ahora con trabajos me autorizaron una salida de un día para mis alumnos. ¿Dónde queda el presupuesto de la UNAM? Tal vez las autoridades quieran organizar un simposio para contestar esa pregunta y no me sorprendería que al final hubiera un brindis de honor, aún cuando la legislación universitaria prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas dentro del Campus y establece como obligatorias las prácticas de campo para las que no hubo presupuesto. Ojalá que quienes se enojen al leer esto me expliquen por qué cada semestre se viola mi derecho a conservar mi horario a pesar de que me he dirigido todas las instancias (desde coordinador hasta rector) para que resuelvan un problema que, de acuerdo con los estatutos, es muy simple: yo tengo derecho a conservar mi horario (y cada semestre me lo cambian).
Mientras nadie me explique por qué las autoridades universitarias violan los estatutos yo seguiré pensando que el rector de la UNAM, el director de la Facultad de Ciencias y muchos otros de los que manejan el presupuesto universitario mienten al decir que ese dinero es para la UNAM, pues la UNAM es lo que dice su ley orgánica y los estatutos que de ella derivan, no lo que, a capricho, dictan sus “autoridades”. Sólo es legítima la autoridad que emana del derecho escrito, por lo que las “autoridades” que violan las normas que juraron “guardar y hacer guardar” no representan legítimamente a las instituciones, sino a sus pueriles caprichos.
Me parece muy normal que un señor feudal pelee por ganar más territorio, pero que no me venga con que lo hace por salvar al mundo. Yo quiero más presupuesto para las actividades académicas de la UNAM, no para que la abogada de la Facultad de Ciencias pague mordida en conciliación y arbitraje para pisotear los derechos de una profesora que se atrevió a defenderse de las arbitrariedades que se cometen en la UNAM.
Me queda claro que fueron disparatadas las incoherencias del diputado del PAN que dijo que la calificación mínima aprobatoria en la UNAM era de cinco y luego le cambio a que no, que lo que quiso decir es que a quien tenía cero le promediaban un cinco en lugar de su cero. El diputado, por supuesto, no estudió en la UNAM, sino en instituciones en las que no le enseñaron a prepararse antes de hablar. La UNAM tiene recursos humanos e infraestructura como para dar una formación académica del más alto nivel mundial a quien vaya por eso, pero también tiene “fósiles”, narcos, rateros y delincuentes diversos que no han sido erradicados por más elegante que sea el discurso de su rector. Y es que no resulta muy lógico esperar que la legalidad en la UNAM sea defendida por un rector que viola sus estatutos.
David Benavides Velázquez.,