Una apuesta

9 Enero, 2007 Publicado en Política por David Benavides Velázquez

La difamación y la calumnia no son formas de ejercer el derecho a la libre expresión sino armas para violar ese derecho. El desacreditar al adversario es una forma de callarlo y hay provocadores profesionales que se dedican a ello. Callar a una persona es atentar contra su libertad de expresión aunque se use la palabra en lugar de los tehuacanazos del PRI (una forma de tortura muy usada en los setentas, ampliamente documentada y cuyo recuerdo parece incomodar a algunos dizque defensores de la legalidad).

Varios de mis conocidos piensan que soy del PRD porque me vieron en manifestaciones de repudio al fraude electoral de 1988. Parece que incluso salí en la tele con la Constitución en la mano frente a la Secretaría de Gobernación. También estuve en el Zócalo cuando Cárdenas anunció la creación de ese partido. Otros piensan que soy del PRI porque elaboré un proyecto de recarga de acuíferos para la colonia en donde vivo y ese proyecto fue apoyado por gente del PRI. Ahora en Entretres llegó un comentario donde me toman como panista y me atribuyen supuestos delitos cometidos por ese partido. Todo, desde luego, sin pruebas.

Como me dedico a la ciencia y no a la política tengo un concepto raro de lo que significa “demostrar”. La ciencia consiste en buscar la verdad y “La verdad”, en mi trabajo, no depende de quien la diga ni de cómo la diga, sino de que lo que se diga concuerde con todas las percepciones disponibles y con toda la lógica aplicable. Como esto suena difícil a los novatos, no me meto de lleno a lo que dice Karl Popper sobre los argumentos “falsificables”, sino que recurro al concepto de la apuesta. Por ejemplo, le apuesto a cualquiera que yo nunca he sido militante de ningún partido político. Apostemos, digamos, diez mil pesos. Como la militancia queda registrada en documentos, supongo que los archivos de los partidos podrían servir para encontrar mi firma cuando me registré, pero como no lo hice, mis diez mil pesos están a salvo. Cuando alguien insista en que soy del PRD o del PRI o del PAN tendrá un incentivo económico para probar lo que dice y el hecho de que no lo haga lo pondrá en entredicho: si de veras estás tan seguro, ¿por qué no te ganas los diez mil?

Desafortunadamente en política las discusiones no se ganan con la razón, sino con una curiosa combinación de virtudes y defectos. Hay que ser perseverante (virtud) y no tener escrúpulos (defecto). Hay que saber reconocer todos los medios que llevan a un determinado objetivo (virtud) y usar los más efectivos sin importar que sean medios criminales (defecto). Ojalá mucha gente leyera la “Dialéctica Erística” de Arthur Schopenhauer y “El Príncipe”, de Nicolás Maquiavelo. No pretendo resumir aquí lo que se puede obtener de estos libros pero trataré de tomarlos en cuenta para no caer en el juego de los políticos o de los provocadores profesionales.

Hace poco escribí sobre la contradictoria postura de los legisladores prisitas sobre el aumento del impuesto a los refrescos. Bajo el nombre de Dave Stewart, alguien escribió un comentario (no me consta que ese sea su verdadero nombre). Se refiere con palabras obscenas a quienes escribimos en Entretres, pero al hacerlo en esta página él también escribe en Entretres. Yo comencé a escribir aquí igual que él, con comentarios que se publican de inmediato. Se les puede editar o eliminar, pues algunas personas no hacen más que insultar y no vale la pena conservar todos los insultos, pero este medio es tan abierto que cualquier persona puede escribir en él. Si todos los que lo hacemos somos del PAN, entonces también lo es ese que dice llamarse Dave Stewart. Todos sus insultos son aplicables a él puesto que aparecieron en Entretres, que es donde, según él, somos del PAN. Por otro lado, si para ser del PAN hay que afiliarse al partido, entonces yo no soy del PAN y mi apuesta está en el aire. Ya podrán decir que mis argumentos son “panistas” o priísitas o perredistas, pero yo sigo esperando las pruebas racionales. Si algo de lo que he publicado es falso, eso podría ponerme en entredicho, pero, curiosamente, cuando tratan de insultarme no presentan pruebas en contra de lo que digo, sino palabras vulgares que dicen más de quien abusa de ellas que de la persona a quien van dirigidas (no digo que no haya que usar esas palabras, cada expresión puede enriquecer nuestro idioma, pero el abuso las echa a perder).

En el anecdotario curioso de la injuria, recuerdo cuando di a mis vecinos un dato científico sobre el déficit de recarga de acuíferos en el DF y ese dato quedó como “prisita”. También se tomaba como perredista la información sobre el efecto de Coriolis cuando Heberto Castillo hizo su proyecto de micro huracanes para limpiar el aire de la ciudad de México. La injuria se esmera tanto en desacreditar que me recuerda a los fanáticos religiosos que quemaron vivo a Giordano Bruno porque sus argumentos acerca del movimiento de los astros eran heréticos. Ahora alguien dice (en Entretres) que soy panista porque publico en Entretres (aunque aquí también critiqué al diputado panista que dijo disparates absurdos acerca de la UNAM). El que me tilda de panista dice no ser priísita ni perredista y de antemano lanza un insulto a quien diga que sí lo es, pero incurre en lo mismo que critica (atribuir militancias sin pruebas). La palabra que usa para ofender a quienes hacen lo que él me hizo equivale a “tonto” y procede del latín “pectiniculus” (aunque algunos lo derivan del verbo latino “pendere”). ¿Pensará que me voy a espantar? ¿valdrá la pena contestarle?

David Benavides Velázquez

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