Pobreza: incongruencia

22 Febrero, 2007 Publicado en Actualidad, Sociedad por Luis Martínez

Excelente columna publicó el día de hoy Enrique Canales en el diario Reforma, en la que señala la incongruencia que hay entre las aspiraciones y las acciones de muchas de las personas que anhelan “dejar de ser pobres”. “Por eso, da lástima ver a gente en procesiones religiosas que en corto confiesan que ruegan para aliviar sus necesidades económicas. Pero más tristeza da el ver que muchos, en apariencia pobres, se agolpan para comprar su cachito de lotería, rogándole a la Virgen para que por fin les llegue la salvación. Patético.”

Fuerte, pero sin duda con mucho de razón; la columna completa a continuación:

Pobreza: incongruencia, por Enrique Canales

Para mí, cada vez que me enfrento ante una persona que quisiera mejorar su situación económica, con frecuencia me encuentro con que sus tradiciones y creencias, sus costumbres y lo que hace con su tiempo disponible, no me parecen congruentes con sus anhelos. Muchos quieren mejorar su situación económica, pero no quieren soltarse de las redes que los mantienen en dicha situación. El anhelo es válido pero la vereda es circular.

Cada persona pudiera hacerse un proyecto de larga vereda y muchos años para salir de su pobreza, cosa que en muchos casos sucede, pero todavía tenemos millones de compatriotas que quisieran salir de su pobreza sin perfilarse para ello. En la mayoría de estos casos, pareciera que ellos “esperan” que las circunstancias cambien o que alguien los saque de su pobreza.

Por la propia definición de saber mantener un nivel económico, el esfuerzo principal para salir de la pobreza es un esfuerzo personal. Por eso el que ha sabido lograr y mantener un nivel económico, cuando por algún motivo le va mal y vuelve a ser pobre, rebota en poco tiempo, pues ya sabe lo que es necesario hacer para volver a flotar.

Confieso que puede ser imprudente aconsejar a un pobre, pero ojo: marchar no es un esfuerzo para salir de la pobreza. Por eso, da lástima ver a gente en procesiones religiosas que en corto confiesan que ruegan para aliviar sus necesidades económicas. Pero más tristeza da el ver que muchos, en apariencia pobres, se agolpan para comprar su cachito de lotería, rogándole a la Virgen para que por fin les llegue la salvación. Patético.

En México ya hay suficiente libertad para que las personas puedan sacrificar sus actuales costumbres y aprender a hacer algo diferente. Pero si la persona se resiste a aprender un nuevo oficio, si la persona busca el trabajo más liviano y siempre ha considerado el trabajo como castigo de Dios, si la persona quiere que le den pero no quiere dar otra cosa, si la persona se esconde dentro de la bola de un grupo, si la persona procrea hijos sin responsabilidad; entonces, lo que hace es incongruente con su anhelo de salir de pobre.

Claro que la situación económica no es el valor supremo, pero no se vale que todos los demás valores nos impidan jalarnos de los pelos para treparnos. Me dicen: “yo no puedo salir del pueblo” o “ya se me pasó el tiempo de estudiar”. Claro que meterse a Estados Unidos para trabajar es una opción, lastimosa opción, pero ahí la presión para aprender es apremiante. Ante la vida social, decía el abuelo: “te sale muy caro fingir lo que no eres” y “si no quieres empobrecer no compres lo que no has menester”.

Las redes de incongruencias que sufre una persona en su condición de pobreza, también se dan a nivel país. Hay países que son congruentes con el objetivo de mejorar su situación económica y lo logran y en cambio hay países que quieren salir de su pobreza, pero no se atreven a pagar el costo de adquirir una nueva identidad.

Queremos abatir la pobreza pero no queremos cambiar; no les tenemos confianza a los inversionistas que nos tienen confianza. El monopolio de Pemex y el sometimiento de nuestro petróleo al control sindical no son una expresión de fuerza del Estado sino una muestra de su debilidad. Las loas a la propiedad colectiva de la tierra patrocinando su improductividad impiden la capitalización del campo y su competitividad personal.

La falta de respeto al derecho de propiedad personal que ya vemos con la expropiación a lo loco de todo un barrio de Tepito por los perredistas, pensando que los narcomenudeos no saben trasplantarse. Si la compensación económica fuera negociada y con ventajas para las familias propietarias de sus hogares, habría respeto a la propiedad personal y por lo tanto habría más inversión y empleos.

El Estado no tiene la obligación, ni tampoco tiene el poder físico de acabar con la pobreza; puede y debe, para mí, colaborar con las personas para que cada quien pueda salir de su pobreza. Cuando congelaron las rentas en el DF para ayudar a los pobres, ¿qué pasó? ¿A poco con eso los inquilinos salieron de pobres? Al contrario, se impidió la rentabilidad de las inversiones en bienes raíces y, por lo tanto, todas las rentas se volvieron más caras y se disminuyó la inversión y el empleo.

¿Por qué se le impidió a Fox realizar el Plan Puebla Panamá? También se han impedido construcciones de presas e hidroeléctricas y también se han impedido carreteras. Nuestras incongruencias son expresiones de nuestras múltiples pobrezas.

2 comentarios a “Pobreza: incongruencia”

  1. El chile Loco Dijo: