Aritmética contra política
Peleado, como lo estoy, con la izquierda y con la derecha por igual, puedo decir que la clase política mexicana está tan acostumbrada a mentir que toma la verdad como un crimen de lesa majestad. En México la mentira es el arma fundamental de los políticos y cuando alguien se los hace notar se lanzan con todo el poder del dinero para ahogar las voces honestas con un mar de sofismas que fanatiza a sus seguidores y cansa a sus detractores.
Fue Felipe Calderón, del PAN, quien dijo que López Obrador “más que triplicó” la deuda del Distrito Federal, cuando según sus propias cifras a penas la había duplicado; fue López Obrador quien usó un anuncio de campaña (en 2000) en el que se decía que “a principios de sexenio, un kilo de tortillas costaba ochenta centavos, hoy, con eso no se puede comprar ni la quinta parte”. En ese tiempo el kilogramo de tortilla costaba tres pesos, que es menos de los cuatro que tendría que haber costado para que lo dicho por el anuncio del peje fuera verdad. Del PRI ni se diga, durante los años ochentas, cada vez que el presidente priísta decía que el dólar no iba a subir venían las compras de pánico, pues la devaluación parecía inminente. Para dar un ejemplo aritmético basta recordar las cifras de las elecciones de 1982 y 1988: según el presidente Miguel de la Madrid, lo que pasó en 1988 no fue que el sistema cayó con “y” sino que se calló con doble-ele, es decir, se quedó callado porque la participación ciudadana fue tan grande que prefirieron guardar silencio y no adelantar cifras ante una cantidad de votos sin precedentes, enorme, inusitada. Pero al dar las cifras definitivas éstas eran muy similares a las de 1982, de manera que de la Madrid necesariamente miente: o es falso que la participación en 1988 fue mayor o son falsas las cifras que su gobierno da al decir que fue similar a la de 1982.
Para los fines de la clase política mexicana, la aritmética tiene un grave problema: no es cuestión de opiniones, uno y uno son dos sin importar que quien lo dice sea de izquierda o de derecha, amigo o enemigo. Así, dirán ellos, no se puede trabajar.
Creo que en esto está el fondo de los problemas magisteriales. Lideres van, líderes vienen y la educación en México sigue por los suelos porque a la clase política no e conviene que el niño se dé cuenta de que la aritmética no hace excepciones. Ni la izquierda ni la derecha quieren un país de gente que sepa aritmética porque entonces se les cae el teatrito.
Recientemente, el periódico La Crónica de Hoy usó las cifras de Spencer Tunik para desacreditar lo que se dice de las grandes manifestaciones en el Zócalo, que con una ligereza impune en un país de ignorantes suele lanzar cifras de cientos de miles de manifestantes en una palaza que Spencer Tunik llenó con veinte mil personas. La Crónica de Hoy no es una blanca palomita, su presidente, Jorge Kahwagi, forma parte de esa clase política a la que me he referido y, quizá por ello, La Crónica se queda sin aclarar que Tunik pidió a los participantes que ocuparan una loseta por persona. De este modo, veinte mil personas pueden llenar la plancha central del zócalo, pero las manifestaciones pueden tener a la gente más amontonada (no es lo mismo con ropa que sin ropa).
Para conocer el número de personas que caben en el zócalo habría que contar cabezas en una fotografía o hacer un muestreo estadístico, es decir, por ejemplo, contar cuántas caben en una loseta, en otra y en otra, hasta hacer un muestreo y sacar promedio; luego contar las losetas a lo ancho, a lo largo y saber un poco de aritmética. Yo seguí este método en una manifestación que hubo el 9 de febrero de 1987. Según el parte policiaco hubo 25 mil personas. El periódico La Jornada decía “Cientos de miles” en el encabezado y ciento veinte mil en la noticia. Según mis cuenta hubo poco menos de ochenta mil. Tan mentira la de la derecha como la de la izquierda (considero derecha a la policía del entonces regente priísta y considero izquierda a La Jornada).
Ni a quién creerle, pero qué flojera ponerse a hacer cuentas. Es dicha flojera lo que permite que tanto fanático siga creyendo en nuestra clase política. Lo que Unamuno llamó “Pereza espiritual” es lo que alimenta a los políticos mexicanos (tan obesos, por cierto, que ni a ellos les conviene es statu quo).
No creo que ninguna manifestación en el zócalo haya reunido allí a más de 476,520 personas. Para el caso de las que se desbordan más allá del zócalo yo no creo que ninguna haya reunido a más de medio millón de personas. Las convenciones del Peje se me hacen particularmente engañosas por los andadores que dejan libres y los templetes que ocupan espacio para que parezca que se llenó más de lo que en verdad se puede acreditar. Además, si alguna vez se logra reunir a un millón de personas en una manifestación, ¿qué se demuestra con eso? El millón no representa ni el uno por ciento de la población nacional. ¿Con qué derecho pretenden representarnos a todos, si ellos evidentemente son minoría?
La ignorancia de la aritmética mata gente. Hoy Felipe Calderón nos habla del déficit en la recarga de acuíferos en el Distrito Federal. Yo les expliqué a mis vecinos lo mismo hace más de diez años. Me dijeron que no viniera a hablarles de metros cúbicos (el que dijo esto era del PRD). La aritmética era demasiado árida para ellos. Hoy, las grietas en la delegación Iztapalapa, causadas, entre otras cosas, por el déficit en la recarga de acuíferos, comienzan a matar gente. El PAN descubre lo que se ha sabido por décadas y no dice por qué no usó un poquito de lo gastado en spots políticos para señalar el problema a tiempo. El PRD, en boca de Ebrard, se indigna por lo que dijo Calderón, pero no se indigna de que no lo haya dicho antes, se indigna de que se diga la verdad, y por eso, por ser verdad, trata de desacreditarlo con el argumento de que se está “politizando el problema”.
En doce años no se ha dado mantenimiento al Gran Canal ni se ha hecho la obra pública que se necesita para reducir el déficit en la recarga de acuíferos. El problema es real y es grave. Los que por omisión nos pusieron al borde de la catástrofe son políticos de la presidencia, la regencia y la jefatura de gobierno de las décadas recientes, es decir, se trata de políticos del PRI, del Pan y del PRD. Igualmente responsables son sus aliados políticos, es decir, Verde Ecologista, PT y Convergencia. A ninguno de ellos les conviene la aritmética porque con ella se les acaba el teatrito. Por eso hay tantos “profesores” gritando groserías en las calles en lugar de estar en las aulas ante el reto que nos marca el enorme rezago en la educación.
La última esperanza que me queda está en la mamá, el papá, el tío o la abuelita que se sientan con el niño a explicarle por qué, sin importar la opinión de nadie, uno más uno sigue siendo dos.
David Benavides Velázquez