¿Por qué no te callas?
Hace ya más de una semana del incidente ocurrido durante la clausura de la Cumbre Iberoamericana en Chile, en la que el Rey de España, Juan Carlos de Borbón, expresó el ya famoso “¿por qué no te callas?” al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
A partir de ese momento, el incidente dio la vuelta al mundo a través del internet y otros medios, lo que ocasionó que nuevamente se centrara la atención sobre un Hugo Chávez siempre ávido de reflectores. Desde ese momento, el presidente de Venezuela ha pasado de declarar que había sido sólo un mínimo incidente, aunque más tarde señalaría que pondría a las empresas españolas en su país bajo la lupa. Aún más recientemente, Hugo Chávez, ha llegado a declarar, o a exigir, una disculpa pública por parte del Rey Juan Carlos.
Pero más allá de toda clase de declaraciones y opiniones acerca de este asunto, lo que se ha venido a ventilar, una vez más, es ese complejo de inferioridad que aún existe en gran parte de Latinoamérica. Y es que si Hugo Chávez cree que con esa posición, que le ha llevado incluso a exigir una disculpa, está poniendo en alto la dignidad latinoaméricana, está mucho muy equivocado.
Ya se escucharon los gritos de los izquierdistas que, indignados por el hecho, acusan de falta de respeto a la libertad de expresión. La cantaleta de siempre, aquí, en México, y en toda Latinoamérica.
El argumento es de lo más absurdo, pues se apoderan de micrófonos, de plazas y calles, compran además tiempo aire en televisión y lo único que hacen es recitar patéticos discursos en donde exigen libertad de expresión. Es increíble, y contradictorio, que parezcan no darse cuenta que de esa manera ya están haciendo uso de su libertad de expresión, libertad que, de hecho, bien podrían aprovechar para cosas realmente importantes.
Este mismo hecho sucedió ahí mismo, durante la Cumbre de Santiago, ya que luego del incidente, el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, utilizó ese argumento para defender a Hugo Chávez. “Así que no me pueden limitar a tres minutos, libertad de expresión desde un principio, ya si no nos van a dar derecho de hablar, no tiene sentido esta Cumbre. Así que yo no me limito a tres minutos.”
El hecho de mencionar que todo esto ha sacado nuevamente los complejos y resentimientos de Latinoamérica, viene sobre todo por las siguientes declaraciones de Chávez y que seguramente son compartidas por la mayoría de los izquierdistas: “Hace 500 años, desde Madrid imperial salió la orden: ‘que se callen’. Y los callaron cuando les cortaron la garganta. Sólo así los callaron. Los descuartizaron, los picaron en pedazos y colocaron sus cabezas en estacas a la entrada de los pueblos, por los caminos. ¡Ése fue el imperio español aquí!”.
También agregó, siguiendo la misma línea de responsabilizar a ‘yanquis’ o españoles, que “no es que le echemos toda la culpa de nuestros males a factores externos, pero buena parte de nuestros problemas sociales se deben a factores externos”.
Otra de las cosas a comentar sobre la Cumbre, es que por momentos pareció que la presencia del Rey de España era para desahogar lamentos, resentimientos y complejos por parte de unos presidentes llorones que gran parte de lo que decían eran reclamos por hechos históricos que, según ellos, hasta la fecha realizan empresas españolas en la tan sufrida Latinoamérica.
Por cierto, resultó curioso uno de los comentarios de Rodríguez Zapatero, que podría aplicar para todos aquellos izquierdistas puristas que desdeñan todo lo “yanqui” o europeo, y es que en respuesta precisamente a esta actitud de Evo Morales, Zapatero respondió: “Hasta Carlos Marx era europeo”.
Finalmente, vale la pena rescatar algunos párrafos escritos por el venezolano Daniel Romero Pernalete, acerca de la personalidad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez:
En mi Barquisimeto natal, hace ya mucho tiempo, tuve un compañerito de clases que era insoportable. Toribio, se llamaba. Y era hijo de una de las maestras. Su recuerdo se me había extraviado y Chávez vino a rescatarlo.
Recuerdo que cuando Toribio tenía juguetes nuevos, toda la escuela se enteraba. Toribio lo voceaba, buscando la admiración de sus condiscípulos para su trompo lustroso, su perinola barnizada o sus metras brillantes.
Esos desplantes me hacen recordar a Toribio. Cuando alguien se atrevía a enfrentarlo, Toribio amenazaba con partirle la cara. No sólo al retador, sino al hermano mayor, al papá y hasta al Director, si se ponía con vainas. La cosa no pasaba del amago.
Veo a Toribio en Chávez todos los domingos. Inventando historias de rebeldía en la Academia Militar. Relatando heroicos episodios en los ríos apureños. Refiriendo imaginarias anécdotas con dignatarios de tierras lejanas.
Detrás de su vanidad, sus desplantes, sus chantajes y sus fantasías se ocultaba un Toribio medroso y correlón. Cuando algún revolcón le arrugaba la bravura, se refugiaba en las faldas de la maestra. Y el rival pasaba a ser oficialmente un indeseable.
Nada diferente ocurre con Chávez. Lo sacaron de su escondite el 4 de febrero. Bañó en lágrimas la sotana de Monseñor Porras el 11 de abril. Sus arrebatos de valentía no son otra cosa que una forma de ocultar su cobardía.
29 Diciembre, 2007 a las 16:29 |