La ‘izquierda’ es una moda
Durante su visita a México, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, declaró entre bromas que tenía mucho en común con el Presidente de México, Felipe Calderón, salvo una pequeña diferencia:
“Más allá de presuntas divergencias ideológicas hemos descubierto que tenemos mucho en común con el presidente Calderón, la misma edad, tal vez somos representantes de una nueva generación de dirigentes en América Latina, hermosas esposas, tres hijos, el último de la misma edad, afición por el ciclismo, por la guitarra, afición por la música Latinoamericana, sólo le falta ser socialista, no perdemos las esperanzas, ser de derecha ya pasó de moda en América Latina, véngase, bienvenido siempre”.
Y tal vez sin quererlo, Rafael Correa dio una muy buena definición de lo que es “izquierda” hoy en día: una moda.
Y así es, ser de izquierda es una moda, tanto que lo mismo la adoptan los que encajan en ella y los que no, los que parecen congruentes y los que de plano se ven ridículos. Por esta razón la izquierda, como todas las modas, ha llegado a un punto en el que se encuentra totalmente devaluada, pues todos quieren pertenecer a ella.
Se engañan, o los engañan, pues creen que van contracorriente pero no es así, siguen a los farsantes por su urgente necesidad de sentirse diferentes o simple, pero obligadamente, porque son “jóvenes” y “hay que luchar contra lo establecido”.
Sus frases “yo no me creo lo que dice la televisión” o “yo no le creo al Gobierno” los pone en automático a creer, a pies juntillas, lo que dice el adversario o el perdedor en turno con el que se identifican. Todo ello sin razonar, no importa que en muchas ocasiones sea mil veces más estúpido que lo que dice la televisión o el Gobierno.
Ingenuos sí que son, no se dan cuenta que a quienes en realidad siguen son a los mismos políticos del viejo PRI, sólo que ahora con nuevas ropas, con lo que ahora llaman “izquierda” y está de moda.
El colmo en México ha sido que un señor, cuyo nombre es Andrés Manuel López Obrador, siendo en realidad el más anticuado de todos los políticos, haya logrado tomar la bandera de esta “izquierda” y la utiliza para vender las ideas más viejas y absurdas como si fueran el último grito de la moda.
Pero eso sí, sus seguidores duermen satisfechos con la idea de que están revolucionando al País, además de considerarse individuos libres y razonables. Qué estúpidos e ingenuos son.
Artículo recomendado: La izquierda se volvió derecha, de Luis González de Alba.